EL PROCESO DE MODERNIZACION DE LA
SOCIEDAD MEXICANA (1940-1964)
A partir de los años cuarenta se
inició en México una nueva etapa histórica que paulatinamente fue transformando
las condiciones estructurales de la vida económica, social y cultural imperantes
desde el fin de la Revolución Mexicana hasta el cardenismo, dando paso a lo que
en adelante se conoció como el proceso
modernizador y desarrollista de la sociedad. Este proceso define una serie
de medidas y acciones que tanto el gobierno como la clase empresarial nacional
establecen para impulsar a nivel nacional la industrialización de la economía,
la modernización de la agricultura comercial y el crecimiento de las
actividades socioeconómicas en general, como el comercio, las finanzas, las
comunicaciones y el transporte con la intención de incorporar al país al movimiento
general del capitalismo mundial iniciado desde antes de la Segunda Guerra
Mundial.
En el contexto internacional los
efectos desastrosos provocados por la crisis mundial del capitalismo en
1929-1933, que desembocaron en caos financiero, reducción del comercio
internacional, desempleo generalizado, paro de empresas, maquinaria ociosa,
etc., representaron una dura lección para la mayoría de países del mundo y
obligaron atomar medidas urgentes para mantener la vigencia del sistema
capitalista y evitar su destrucción por fuerzas políticas revolucionarias y
radicales que encontraban en el nacimiento de la Unión Soviética una vía
palpable como alternativa a seguir.
México no está ausente de este proceso
general de cambio, que acontece tanto a nivel mundial como nacional y que
permite internamente iniciar diversos cambios institucionales, económicos,
sociales y políticos, orientados a fortalecer y ampliar las bases de un sistema
de economía capitalista que beneficia principalmente a los grupos empresariales
y a la burocracia política gobernante.
Es en esta etapa histórica cuando el
Estado aumenta considerablemente su participación económica al establecer
numerosas empresas que, posteriormente, servirán de apoyo para el despegue de
los grupos empresariales privados; por otra parte, se les ofrece a éstos,
bienes y servicios a precios relativamente bajos, garantías fiscales de
exención (bajo o nulo pago de impuestos), leyes laborales y agrarias
favorables, control de salarios, mercado cautivo, proteccionismo comercial y
precios controlados de productos o materias primas.
El modelo desarrollista en México se
convirtió entonces en la expresión de un nuevo proceso, fundamentalmente
económico, que apunta en dirección de los intereses de una burguesía
nacionalintegrada por empresarios industriales y urbanos, así como por
empresarios agrarios que pone especial atención en la industrialización de los
procesos productivos, el crecimiento del mercado, mayores índices de inversión
y una mayor integración territorial, con la intención de establecer un modelo
de acumulación capitalista que esté en manos de empresarios locales y elimine
la dependencia con los mercados externos.
Entre 1940 y 1964 se impulsan las dos
fases del llamado modelo desarrollista, a la primera se le denomina como
"sustitución de importaciones" y a la segunda como "desarrollo
estabilizador", cada una de las cuales tiene su propia definición en
términos de políticas públicas y orienta de manera particular el funcionamiento
general de la sociedad mexicana durante este periodo.
Durante la denominada fase de
"sustitución de importaciones", lo que se busca es el impulso de un
proceso de industrialización y modernización de las estructuras económicas
nacionales, mediante una transformación en el esquema de producción e
intercambio que permita el logro de las siguientes medidas económicas:
- Inicio de un esfuerzo deliberado de industrialización.
- Cambio en el tipo de importaciones: se compran menos productos terminados (manufacturas y bienes de consumo no duraderos) y más productos indispensables para el establecimiento de industrias (maquinaria, herramientas y bienes de consumo duraderos).
- Cambio en la estructura del comercio (en el tipo y volumen de productos importados y ex-portados).
- Promoción de incentivos directos e indirectos a la inversión privada.
- Fortalecimiento y modernización de la agricultura y la ganadería comerciales.
La implantación de la política de
"sustitución de importaciones" implicó a su vez reorientar los
objetivos políticos y sociales heredados del cardenismo, pues éstos eran, en
buena medida, incompatibles con los propósitos y orientaciones empresariales
que comienzan a predominar entre los grupos políticos estatales. No representó
una ruptura total con el cardenismo, ya que a nivel político se siguieron
reproduciendo e incluso mejorando ciertos mecanismos de control y
representación establecidos por aquel gobierno (el corporativismo, el
presidencialismo, el autoritarismo), pero en otros aspectos la política
desarrollista sí representó un giro de 180 grados respecto a la relación
política con los distintos grupos y clases sociales que participaban en el
escenario nacional.
En su segunda fase, conocida como de
"desarrollo estabilizador", las tendencias antes señaladas tienden a
acentuarse y determinan el establecimiento pleno de una economía industrial
nacional bajo la dirección de una ascendente clase empresarial que va ampliando
progresivamente el mercado interno, al mismo tiempo que subordina al sector
rural y se vale de los beneficios estatales tradicionales (proteccionismo,
bajos impuestos, salarios controlados, energía barata, etc.) para mejorar su
posición económica y política en todos los frentes de la vida nacional.
A diferencia del esquema anterior
(sustitución de importaciones) que apoyó el crecimiento con inflación y con
devaluaciones, el modelo estabilizador busca apoyar el crecimiento sin
inflación y sin devaluaciones, objetivo que logra cumplir el régimen político,
a costa de enormes sacrificios por parte de la clase trabajadora.
Tales acciones estabilizadoras serán
promovidas y secundadas por el propio Estado mexicano mediante la adopción de
una estrategia general orientada a garantizar una mayor estabilidad interna, un
aumento en el Producto Interno Bruto (PIB) y una paridad del peso respecto al
dólar. Dicha estrategia también se encargó de actuar directamente sobre los
determinantes del ahorro voluntario (tasas de interés, impuestos) con el fin de
captar mayores recursos y orientarlos al fomento de actividades industriales,
estatales y privadas. Al mismo tiempo, el Estado mantuvo el financiamiento del
déficit del sector público (subsidios, eliminación de impuestos, créditos,
productos baratos, etc.) recurriendo cada vez más a la deuda externa y al
control de los recursos bancarios.
Como resultado de este proceso tan
diverso y complejo, el país sufrió serias transformaciones estructurales e
institucionales a lo largo y ancho del Territorio. Entre los fenómenos más
relevantes podemos mencionar: crecimiento desmesurado de las ciudades,
diversificación de la economía y la sociedad, polarización de la agricultura,
ampliación del mercado interno, aumento de la infraestructura institucional,
ampliación de las oportunidades sociales en los centros urbanos y emergencia de
nuevos problemas sociales (sobrepoblación, contaminación, delincuencia,
etc.).Todos estos cambios estructurales y socio-históricos no pueden
comprenderse si no se toman en cuenta determinados factores políticos que
jugaron un papel relevante en el funcionamiento del modelo desarrollista.
En ese sentido destaca por su peso e
importancia, la política anti-popular adoptada por los gobiernos encabezados
por Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, quienes
aplicaron de manera ortodoxa los mecanismos de control salarial, control
corporativo sobre sindicatos y organizaciones populares, hostigamiento y
represión a los movimientos sociales, predominio del sistema departido único
con oposición domesticada y violación permanente -nunca reconocida- de los
derechos civiles de la población.
Movimientos sociales
Con el fin de la Revolución Mexicana,
el país entró en un proceso de transformaciones estructurales de carácter
político, sociocultural y económico que posibilitaron el paso de una sociedad
marcada por los conflictos y los enfrentamientos a otra basada en la
institucionalización y modernización que marcan las nuevas tendencias políticas
de la época. Se buscó así superar viejos problemas derivados del caudillismo
revolucionario, la anarquía territorial, el predominio de una economía
orientada al autoconsumo y la estrechez del mercado interno, factores que
obstaculizaban el paso hacia un nuevo tipo de sociedad y su incorporación al
proceso general de desarrollo capitalista que se pretendía impulsar.
De los movimientos más relevantes
ocurridos desde mediados de los años cincuenta y que se proyectaron en los
sesenta, encontramos tres: el magisterial, el ferrocarrilero y el médico. Cada
uno con su propia problemática pero identificados por intereses unes, como el mejoramiento
salarial, la democracia sindical, la solidaridad política y el compromiso con
el cambio social.
§
Movimiento magisterial (1955-1960)
Este movimiento surge en 1955 como
resultado de las pugnas entre los integrantes de la sección IX y la dirigencia
nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), pues
esta última no cumplía con la solicitud hecha por los primeros de exigir
aumento salarial a las autoridades educativas. En abril de 1956, la Sección IX
presentó un pliego petitorio a la Secretaría de Educación Pública (SEP)
solicitando aumento salarial; la base magisterial se movilizó en apoyo a la
demanda, pero la dirección nacional del sindicato pactó con las autoridades
educativas un aumento menor al solicitado, provocando irritación entre los
profesores. Éstos reaccionaron creando el Comité de lucha pro pliego petitorio
y democratización y, posteriormente, el Pleno de Representantes de Escuelas del
Distrito Federal, haciendo girar su actuación en torno a dos demandas: aumento
salarial de 30% y modificación de la Ley de Jubilaciones para poder retirarse a
los 30 años de servicio sin importar la edad.
A mediados de agosto, el Movimiento
Revolucionario del Magisterio enfrentó conflictos interno que lo debilitaron y
lo llevaron a levantar el paro de labores sin conseguir evitar el despido de
sus dirigentes seccionales. Al finalizar el conflicto fueron expulsados más de
200 maestros, a pesar de que la dirección nacional del sindicato había
prometido no despedir a nadie.
§
Movimiento ferrocarrilero (1958-1959)
Este movimiento se inició a partir de
una reunión nacional, en abril de 1958, donde los trabajadores ferrocarrileros
decidieron crear la Gran Comisión de Trabajadores Ferrocarrileros de la
República Mexicana, para que negociara con las autoridades de la empresa un
aumento salarial de 350 pesos.
La dirección sindical, con Samuel
Ortega Hernández a la cabeza, contraviniendo los acuerdos de los trabajadores
decidió de manera unilateral, negociar un aumento de 200 pesos, a lo que se
opuso Demetrio Vallejo, líder de la Sección XIII de Matías Romero, Oaxaca. En
días posteriores, varias seccionales sindicales de todo el país decidieron
mantener la de-manda de aumento de 350 pesos y llamaron a la movilización
obrera. Desde Veracruz se lanzó el Plan del Sureste, en el cual se planteaba la
defensa de las demandas propuestas.
Después de que la huelga es levantada,
el sindicato reinicia sus demandas por aumento salarial y prestaciones
sociales, protestando además por las violaciones al contrato colectivo. Poco
tiempo después el sindicato emplaza a huelga y realiza un paro de labores el 25
de marzo de 1959; las autoridadesgubernamentales desconocen las peticiones
sindicales y aunque los trabajadores deciden al otro día suspender el paro.
Vallejo es apresado el día 28 de marzo
y días después el resto del comité, siendo encarcelados y acusados del delito
de disolución social. También se despide a más de 9000 obreros, se allanan los
locales sindicales y son reprimidos miles de manifestantes que apoyan el
movimiento, entre los que se hallan profesores, petroleros y miembros de
partidos de izquierda.
El día 3 de abril es impuesta una
nueva dirección nacional, con Alfredo A. Fabela como secretario general, quien
se dedica a mejorar las relaciones con la empresa y el gobierno, una vez que la
disidencia sindical ha sido eliminada.
§
Movimiento médico (1964-1965)
Tiene su origen en la demanda
planteada por un grupo de médicos residentes e internos del Hospital 20 de
Noviembre, para que les fuera liquidado el pago de aguinaldos atrasados que
adeudaban las autoridades. La respuesta a la demanda fue la expulsión de 206 de
los solicitantes, quienes ante esta situación decidieron crear la Asociación
Mexicana de Médicos Residentes e Internos, A.C. (AMMRIAC), con el objetivo de
lograr la restitución laboral de los médicos expulsados, aumento salarial de
400 a 1200 pesos y la participación de los residentes en la elaboración de los
planes de estudio (aquéllos que cursaban en los centros hospitalarios).
Aunque después el movimiento volvió a
negociar con Díaz Ordaz, no logró ningún avance. Lo único que hizo el gobierno
fue aumentar otra vez los salarios pero siguió sin atender las demandas
centrales de los médicos. El 14 de agosto se inició el cuarto paro de labores y
el mismo mes fue suspendido por las fuerzas policiacas; elementos de la policía
y el ejército ocuparon los puestos de los médicos y las enfermeras fueron
amenazadas. A principios del mes de septiembre el paro había llegado a su fin y
los médicos tuvieron que limitar su participación política y sindical debido a
las constantes amenazas que recibían por parte de las autoridades
gubernamentales.
La nueva cultura urbana
El surgimiento y crecimiento de las
grandes ciudades dio lugar a un nuevo fenómeno social conocido como la cultura
urbana, dando a entender con ello que la forma de vida escenificada era
radicalmente distinta en la ciudad y en el campo. A la cultura urbana se le
empezó a cuestionar por provocar la falta de solidaridad entre los habitantes
de la ciudad, debilitar los lazos primarios o familiares, originar conductas
que los sociólogos designaron como anémicas (sin apego a las normas
establecidas) al referirse a la delincuencia y a la agresión violenta, entre
otras manifestaciones de este tipo. En suma, frente al campo, donde los lazos
familiares son fuertes y las costumbres arraigadas, en la ciudad la atomización
de las relaciones sociales, el individualismo y la apatía fueron el denominador
común.
A nivel de la literatura, desde
finales de le años cuarenta aparecieron importantes obras de escritores que
cuestionaban el triunfalismo de la Revolución Mexicana. José Revueltas se
destaca como un fuerte crítico de capitalismo deshumanizante que se venía
implantando en México.
En el ambiente social, la radio hace
su aparición y se introduce en las casas de las familias mexicanas, aunque no
en todas, y paulatinamente se va haciendo accesible a los bolsillos de las
clases medias, hasta que queda instalado de manera definitiva dentro del gusto
de la población. La televisión se convirtió rápidamente en un espectáculo de
mayorías, con melodramas sencillos, programas cómicos y concursos que eran
producidos por las propias marcas comerciales. Respecto a la comicidad, sólo
fueron incorporadas propuestas que divertían, pero sin cuestionar profundamente
la realidad circundante; la comicidad crítica quedó restringida al espectáculo
de carpa, que se caracterizó por ser corrosiva.
En la ciudad, la diversión nocturna
era dictada por los salones de baile a ritmo de danzón, mambo y cha-cha-cha,
expresiones del mestizaje cultural en el terreno musical.
Para los sesenta, fuertes
modificaciones empezaron a hacerse presentes, determinando la emergencia
paulatina pero evidente de nuevos contenidos culturales, formas y expresiones
artísticas que se manifiestan en la llamada contracultura juvenil, la cual
refleja las tensiones no sólo generacionales, sino también de tipo valorativo,
de estilos de vida, de cosmovisiones y de maneras de actuar frente al mundo, que
se manifiestan al interior de la sociedad mexicana.
En realidad la brecha es cultural y no
generacional; en México, la generación de hijos urbanos no podía ver el mundo
con los ojos de sus padres migrantes y formados en el universo rural. La ciudad
provocaba la ruptura de los códigos tradicionales y los cambios en el mundo se
reinterpretaban de manera particular en el país.
Si bien desde 1955 el "Rock and
roll" conquistaba con éxito su ingreso al mercado cultural de los
mexicanos, fue con la llegada de Billy Haley y sus cometas, famoso grupo
norteamericano de rock de los años sesenta, que vendría la consolidación de
este ritmo musical en el territorio nacional. Era común en esa época que los
jóvenes se pronunciaran contra lo que consideraban el autoritarismo en las
escuelas, la represión de la moral burguesa y los excesos de un sistema
deshumanizado.
Las drogas se utilizaban socialmente
como medio para alcanzar nuevas experiencias en terrenos musicales, artísticos,
críticos y literarios. El movimiento hippie adquiere una gran presencia a nivel
mundial, teniendo como consigna el amor libre y la paz, ideas adecuadas a los
problemas que vivía la juventud de la época, atrapada entre guerras regionales
(Vietnam, Argel, India, etc.), dictaduras militares y pugnas ideológicas de
corte dogmático (socialismo contra capitalismo).
REPERCUSIONES DE LA MODERNIZACIÓN Y
FIN DEL MODELO DE DESARROLLO ESTABILIZADOR (1964-1970)
Al finalizar los años sesenta el
modelo de desarrollo estabilizador como opción gubernamental y empresarial
llegó a su límite y dejó ver sus consecuencias de manera directa. Si bien entre
1955 y 1970 la aplicación de este modelo permitió conocer una etapa de relativa
bonanza económica en el país, derivada de la estabilidad en el precio de las
mercancías y el mantenimiento de enormes subsidios estatales a las empresas
privadas (que permitían evitar el alza en el precio de los productos y mantener
un control relativo sobre otros indicadores de la vida social), lo cierto es
que comenzaba ya a manifestar ampliamente sus debilidades y limitaciones
operativas, que se reflejaban en la crisis agraria y el agotamiento económico
en varias regiones urbanas e industriales de México.
Si bien el Plan de Desarrollo
Estabilizador fue sinónimo de bienestar económico y progreso, también es cierto
que se empezó a observar que potencial económico y nacionalismo no siempre iban
juntos, pues los logros obtenidos impulsaban a la burguesía nacional a
establecer pactos y fusiones con compañías extranjeras, que no siempre respetaban
las decisiones políticas adoptadas por el Estado mexicano, generando fricciones
serias y delicadas.
Durante esta etapa histórica el Estado
mexicano, a pesar de mostrarse dinámico en relación con el manejo de recursos
financieros, mantiene una actitud mesurada respecto a su papel como promotor
empresarial, notoriamente distinta a la que tuvo durante la etapa del modelo de
"sustitución de importaciones", en la cual jugó una posición
relevante como empresario y como promotor de empresas privadas.
Como resultado de esta dinámica el
país sufriría serias transformaciones estructurales e institucionales a lo
largo y ancho del territorio nacional, que se expresaron en situaciones
diversas como el crecimiento constante de las ciudades, diversificación del aparato
económico, polarización de las zonas agro-ganaderas, integración del mercado
nacional, crecimiento de la infraestructura institucional (escuelas, centros de
salud, servicios urbanos, carreteras, centros culturales, etc.) y ampliación de
oportunidades sociales, especialmente para las clases medias y obreros
especializados.
Hacia finales de los años sesenta se
configuró un ambiente que resume las contradicciones mismas del proceso
desarrollista, en el que coexisten los grandes logros de la política económica
expresados en una industria creciente, dinamismo económico, agricultura moderna
y mayor volumen de exportaciones frente al progresivo deterioro de las zonas
campesinas productoras de alimentos, el crecimiento poblacional desmesurado en
las zonas urbanas, el agotamiento del proceso industrial y mayores dificultades
para la población trabajadora y de clase media.
El proceso dejó aflorar los múltiples
vicios que determinaron el fracaso de las políticas de desarrollo, entre los
que se pueden mencionar los elevados y bondadosos subsidios a las empresas
privadas, bajos o nulos impuestos al capital, materias primas y energía barata,
políticas proteccionistas a las empresas y créditos baratos. A lo anterior
deben añadirse los problemas asociados con los desequilibrios regionales, la
baja producción campesina, la creciente dependencia del mercado externo para
satisfacer la demanda interna, sobre todo de alimentos, así como la baja en las
tasas de exportación de bienes agropecuarios. La mayor parte de estos problemas
tuvieron consecuencias negativas entre los grupos populares y de clase media,
que eran los que más resienten el impacto de la situación y a los que
finalmente se les impuso el pago por los errores cometidos a nivel
gubernamental o empresarial.
Es necesario señalar, sin embargo, que
no son sólo factores económicos los que influyeron en el agotamiento de las
políticas desarrollistas, cuentan también los factores políticos y socioculturales que se presentaron
a lo largo de todos estos años, los cuales fueron marcando el rumbo de las
acciones que siguen los diferentes protagonistas de la vida nacional.
Se puede decir que el agotamiento del
llamado desarrollo estabilizador, desde mediados de los años sesenta, trajo
como resultado la necesidad de reorientar la estructura general de organización
de la sociedad y de plantear alternativas que permitieran a corto y mediano
plazo la recuperación de las principales actividades económicas y productivas
del país. Tales acciones son preocupación constante de los gobiernos que se
instauran a partir de los años setenta, los cuales buscan contener muchos de
los efectos negativos de la crisis que emerge tras el fracaso del proyecto
gubernamental y empresarial de desarrollo.
Bibliografía:
Hinojosa, Loya Arturo, Guevara,
González Cesar, Historia de México II, Nuevo Rumbo, México, 2000 pp.
73-103
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